Como de costumbre hoy no es mi día. Pero tampoco lo fue ayer, ni anteayer, ni hace dos semanas.
Bueno, voy haciéndome a la idea de que las cosas no siempre salen como lo esperábamos, ¿No?
Me doy cuenta de lo jodido que es aceptar lo que no quieres ver, o entender que hay cosas que jamás podrán ser...
Entonces, ¿Se supone que nuestras vidas las guia el destino? ¿Se supone que cuando tiene que ser todo de una manera nos tenemos que resignar sin podernos plantar y cambiarlo a nuestro antojo para que sea lo contrario?
No se, me gustaría creer que sí. Pero las cosas no son tan sencillas como chasquear los dedos y vivir un amor donde él es perfecto, te quiere como a la única y no existe nadie más que vosotros dos; o como por ejemplo conseguir que no mienta en cada frase, en cada palabra que te diga y se intente convencer a si mismo de que ha cambiado...
No. Los dos sabemos que las personas no cambian, y que tú tampoco lo has hecho.
El amor conlleva sacrificio, demostrarlo en cada gesto, demostrarlo cada día y cada minuto. Y perdona si lo digo tan claramente, pero es lo que pienso... Tal vez esté siendo demasiado transparente, ¿Quién sabe? Igual lo escribo para que realmente sepas cómo me siento cuando no me haces ni caso, cuando pasas de mi, cuando me mientes y encima lo haces en mi cara, cuando me gustaría que de verdad fuéramos despacio.
Sin fechas, ni etiquetas, ni ataduras... Solos tú y yo. Pero por favor, no me mientas; no lo soporto.
Hoy otra vez vuelvo a estar enfadada conmigo misma y parece ser que con el mundo en general también, aunque probablemente no tengan la culpa de nada de lo que me pasa últimamente, yo la pago con todos y punto.
¿Y cómo no voy a estar enfadada con lo increíblemente gilipollas que soy?

No hay comentarios:
Publicar un comentario